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Natacha Féliz Franco, Regente del Círculo Dorado de la Luz y una de sus fundadoras. De Bani, Actualmente vive en la ciudad de Santo Domingo,DN. Es editora de la sección Senderos, en la que publica la columna “Huellas”, en el periódico Listin Diario, y columnista de nuestro Círculo.
PUENTES.
Conocí a una persona que antes de comprar su auto, obtuvo su llavero. Lo mostró a sus compañeros de trabajo con la seguridad de que pronto este anhelo sería cumplido, y a los pocos meses todo se organizó para que así fuera. Con pequeñas acciones como esta establecemos un puente entre el deseo y el logro, pagando a Dios con fe, al demostrar que tenemos la certeza de que las oraciones son escuchadas y serán cumplidas.
Es el momento de establecer puentes, o más bien establecer una línea de continuidad, como dice Thany Matos, Guía del Círculo Dorado de la Luz. Un puente posterior al día 20, planifi cando nuestras actividades seguros de que todo está en orden divino y de que Dios está a cargo. Un puente que traspase el 21 de diciembre, porque el mundo no se acaba y hay muchos proyectos que cumplir más allá de esa fecha. Sí, muchos puentes para continuar la vida.
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Huellas
Lo que sucedió ya pasó. No perdemos, aunque parezca, con los “fracasos”, al contrario ganamos experiencia. Para eso estamos aquí, alguien nos hizo creer que la vida debía ir siempre sobre ruedas o que debíamos estar luchando continuamente en pos de algo, cuando lo bonito es disfrutar el camino y continuar pese a los obstáculos. Ya deberíamos estar acostumbrados a este reino de la dualidad, pero hacemos resistencia a las lecciones y pretendemos no tener retos o preocupaciones.
Estar continuamente “cuadrando” lo que pudo haber sido y no fue o lo que debió ser de otra manera a menudo se convierte en un látigo con el cual nos laceramos; impera dejar de castigarnos, sanar nuestro interior y aceptar las situaciones que no nos gustan tanto del pasado tanto como del presente. Afortunadamente todo pasa, y hay soluciones divinas para todos aquellos que las quieran de corazón y busquen respuestas a los conflictos de su alma.
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Huellas
La vida se construye a través de las palabras, y se deshace también a través de ellas. Cuando nos decimos yo soy honorable, buen profesional, buen padre o madre, o buen amigo, etcétera, nos ponemos un traje de palabras que nos impide ver cuando actúan en nosotros el Dr. Merengue o la Srita. Mangulina, para mostrar todo lo contrario.
En esta dualidad entre lo que queremos creer que somos, por un lado, y lo que se nos escapa de la personalidad, por otro, surgen conflictos internos y con los demás, pues a la más mínima crítica nos enervamos porque el traje que nos hemos puesto de pronto está roto o es muy estrecho y alguien se ha percatado. La tarea es mirar dentro con la potente linterna de la verdad, ajustar palabras con acción, y dejar que el Dr. Merengue y la Srita. Mangulina solo nos acompañen en las pistas de baile.
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Huellas
El mal hace muy buenas relaciones públicas, mucha bulla, mucho escarceo de sus “logros”, pero Dios siempre quiere que todo mal sea para bien. “Todo mal tiene un bien oculto” y “no hay mal que por bien no venga”, son reflexiones que están en nuestras bocas. Entonces, ¿por qué damos tanto crédito a la oscuridad? porque el dolor aturde, los pensamientos de duda invaden, y nos olvidamos de la transitoriedad de la vida.
La verdad contundente es que la luz domina a la oscuridad, 3 a 2, desde el principio de los tiempos, por eso la maldad que hacemos a nuestros semejantes siempre termina alcanzándonos. Nos creemos que podemos seguir caminando por la vida como si nada importara o como si los demás fueran fichas que movemos a nuestro antojo, pero el día menos pensado tenemos que saldar las cuentas. La oscuridad es seductora pero Dios tiene la última palabra.
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Dicen que hay dos cosas muy difíciles de saber: “lo que Dios quiere y lo que las mujeres quieren”. Bueno, tal vez sea más fácil entender a Dios porque da señales para mostrarnos por donde caminar, y qué conviene o no. Dios no quiere nada para sí, pero siempre querrá que estemos cerca suyo o “conectados” con Él. En el fondo, sabemos que necesitamos esta conexión porque aunque nos declaremos ateos, en las situaciones más irremediables volvemos nuestros ojos al Cielo, al intuir que si Él no nos ayuda, nadie en la Tierra podrá hacerlo.
Sin embargo, ignoramos esto. Pero, Dios insiste, si le cierras la puerta principal de tu casa se meterá por una ventana, y si no soplará hasta derrumbarla; muchos tienen que quedarse desnudos para entender las cosas que Dios susurra en sus oídos, y no escucharle no es algo que podamos hacer por demasiado tiempo. Al final, el golpe avisa.
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Huellas
Cada mañana escribo “yo puedo” en mi agenda y lo repito luego, mental o audiblemente, para desbloquear las dudas, la negatividad, o la desesperanza que nos van asaltando a lo largo del día. Porque la vida misma ha demostrado que los saltos cuánticos existen, creo que los milagros aguardan cerca de nosotros y se revelan cuando pagamos con las monedas de la fe. Esta frase nos ayuda a mantener el ánimo en alto, la confianza en nosotros mismos, y tiende un puente entre cualquier problema y la solución, aunque en el momento no se vea la salida o pareciera estar todo perdido.
Es un voto de confianza que extendemos al Creador, y un bloqueo inmediato a aquellas energías bajas que nos disputan a cada instante con la esperanza de llevarnos por caminos de dolor. Otras frases como “yo soy luz” y “Dios está cargo” también invitan al Todopoderoso a tomar el sartén por el mango.
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El amor
Una amiga se sintió horrorizada con los hábitos higiénicos de su esposo, apenas recién casada; otra, había confesado que detestaba los hombres de piel oscura y terminó locamente enamorada de uno… y desposada. ¿Cuánto cuesta el amor?, no el de las pasiones simples sino aquel que desborda el corazón y ocupa todo tu ser… Puede costar pasar sobre tus propios prejuicios, mudarte a otra ciudad, comenzar de nuevo, renunciar a la comodidad de la rutina, o desafiar los miedos y vencerlos, y todo esto puede constituirse en un salto al vacío.
El amor llega como le gusta, sin previo aviso, y siempre nos reta a dejar algo en el camino, y aunque no están justificadas todas las locuras que se cometen en su nombre será nuestra decisión aceptarlo o cerrarle las puertas, vivir de acuerdo a su agenda o pasarnos el resto de la vida mortificados por lo que pudo haber sido y no fue.
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Huellas
Hay una palabra que es puro plástico: aceptación. Hay que masticarla como si fuera un chicle, una pizza, o saborearla como un helado. Es un ejercicio que vale la pena, pues cuántas situaciones nos retuercen el corazón, cuánto nos negamos a fluir con la vida al creer que el guión que escribimos tiene que desarrollarse cabalmente. Cuánto sufrimos por “la necedad del mundo”, pero el mundo es como tiene que ser, y somos pasajeros en un continuo aprendizaje.
Hay belleza en los imprevistos y en lo que no resultó, porque Dios siempre quiere que todo sea para bien. Si nos enfocamos en los supuestos fracasos, nos perdemos la enseñanza y nublamos las oportunidades que surgen. Tal vez tuvimos la ocasión de hacerlo bien y fallamos, tal vez nos invadió el miedo o dejamos que otros nos paralizaran, cualquiera que sea el caso, no importa, “si pierdes no pierdas la lección”, y sigue con paso firme hacia tus objetivos.
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Huellas
Todo lo que me enseñó mi abuela
Tuve una maravillosa abuela y aún se llama Amalia. Sin pretenderlo, aún cuando no había terminado la primaria, me dio mi primera lección sobre los varones. Hablaba de los “hombres maltratadores”, aquellos que ejemplificaba en un compadre suyo, que era encantador, buena gente, y conversador, y sin embargo, era áspero con su mujer y nunca la hizo feliz, la muestra perfecta de alguien que es “candil de la calle y oscuridad de la casa”. Otro compadre suyo, mi abuela tenía bastantes compadres y comadres, quería agradar a la esposa y a la amante, al mismo tiempo, y compró dos camas exactamente iguales, y en una época en que nadie se separaba la aguerrida mujer, al enterarse, lo puso en el rincón del olvido. Compungido hasta el final de sus días estuvo el compadre, que no logró entender por qué el amor de su vida nunca le dio otra oportunidad.
Así las cosas, con estas historias que escucharía repetidas veces, aprendí que los hombres ignoran que el machismo salvaje tiene sus límites, y que sus costuras invisibles pueden ser descubiertas con un poco de observación y discernimiento.
Abuela Amalia era generosa, no juzgaba a nadie, y era muy lenta para la ira. Me enseñó a creer en Dios, la fuerza de la luz en una vela, el poder de la oración, la devoción a la Madre María y a los santos, y que el más allá existe. Una de sus comadres fallecidas vino a visitarla un día, a las 5 de la madrugada; ella preparaba su acostumbrado ponche mañanero y cuando se percató la mujer estaba parada en la puerta. -“¡Oh, comadre! ¿Y qué usted hace aquí?”, le preguntó sin miedo, porque era una de las personas más valientes que he conocido. -“Nada comadre, solo vine a verla”, le contestó, y se esfumó.
Su mundo era mágico porque creía en las cosas que no tienen explicación racional, y seguro fue inducida por su papá, el viejo Elías, quien era amigo íntimo de Bibiana de la Rosa, la vidente y curandera de Mana; él transmitió sus conocimientos a mi abuela, y supe de historias fantásticas, curaciones milagrosas, y vaticinios. Por eso, ella se resistía a mudarse a la zona sur de Baní, porque de acuerdo a la vidente, el mar Caribe en años futuros llegaría justo hasta el parque central, a 300 metros de su casa; como sabemos que las profecías son advertencias, esperamos que esta no se cumpla o sea mitigada.
Al final de sus 98 años, estando sana y cuerda, mi abuela se cayó y se fracturó la cadera. En el lecho de su transición me senté a su lado, reuní mucho valor para decirle que no tuviera miedo, que la muerte no existe, que Dios ni nadie la estaba esperando para juzgarla, y que todo estaba bien, que nosotros, su familia, íbamos a estar bien. Y la dejé partir. Pero sé que ella siempre está conmigo.
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